SABOR
DE COPA
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El Elche CF en Vila-real
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Pocos precedentes tienen los
enfrentamientos entre Villarreal CF y Elche CF. La razón es clara, pues
mientras los ilicitanos tomaban una línea descendente a partir de los años 80,
los castellonenses hacían, más o menos en parecidas fechas, el camino
ascendente, de forma que no se cruzaron apenas. Sobre todo tras la llegada de la familia Roig a hacerse cargo de
los villarrealenses, a finales de los 90.
Un total de 7 visitas hasta ahora en liga a la Plana Baixa, con un
balance de 3 victorias locales, 3 empates y una victoria ilicitana, la famosa
de la temporada 2012/13, que sirvió para prácticamente asegurar el hasta ahora
penúltimo ascenso a la máxima categoría. En 1ª división, pues, solo 2 visitas,
saldadas con empate y derrota. Pero por una vez vamos a retrotraernos a la competición
de la Copa del Rey, y a su edición 2013/14, que emparejó a franjiverdes y groguets en dieciseisavos de final. Ese
partido de ida, disputado hace justo siete años, el 6 diciembre 2013, acabó con
un prometedor empate a dos, que abría la posibilidad de seguir adelante para
los nuestros. No ocurriría así, pero vamos a ver qué pasó en ese partido.
La verdad es que la
competición de Copa, tras la hazaña de 1969, pasó a ser algo no cuidado en
absoluto por el club ilicitano. Tanto es así que, desde entonces, lo máximo
conseguido ha sido llegar a octavos de final en media docena de ocasiones
solamente. Tras dos semifinales y esa final en la época dorada de los 60, nunca más se ha
podido siquiera llegar a cuartos de final. La última vez de octavos fue en
2015, donde fuimos barridos por el FC Barcelona con un global de 9-0.

En el ínterin, derrotas
humillantes, eliminaciones vergonzosas. Duele recordar la doble eliminación por
el Sant Andreu en los 70 o la también doble por el Benidorm en los 90. O
derrotas muy tremendistas, como contra Palamós en 2003 por 6-1. Pocas páginas
hermosas. Si acaso aquella contra el Depor de su época gloriosa en 2005. La
razón esgrimida tantas veces es que el club estaba tan enfangado en su
vertiente liguera que no podía ni debía desviar recursos deportivos para atender otras sendas de juego. Otra lectura, también igual de realista, es que la composición
de las plantillas ha sido siempre tan justa, que no daba para tener unos
suplentes de garantías que pudieran afrontar cualquier rival.
Una muestra de la poca presión
que ha existido en el Elche CF en eso de la Copa del Rey es que durante casi treinta años el balance de eliminatorias resueltas por penalties era un elocuente 1-6
en contra. Contundente dato.

Aquel año la Federación
Española de Fútbol quiso dar mejor empaque a la Copa, y ya planeó por ejemplo
que esa ronda de 32avos se jugará en fechas de fin de semana, aunque fuera solo
una vez, (aquel partido fue en viernes festivo) como queriendo sacar a esos partidos
de su habitual exilio de miércoles entre semana. Pero lo novedoso, por todo lo
dicho más arriba, es que el técnico ilicitano, Fran Escribá, no tuvo empacho en
manifestar cosas del tipo ‘Es el camino más rápido para el éxito’, refiriéndose
a la Copa del Rey. Eso, por fin, parecía decirnos que el Elche CF iba a poner
en la Copa el mismo empeño que en la liga. Y eso, más o menos, significaba que
la vuelta a la élite estaba siendo de pleno derecho, y que ya no más íbamos a
parecer convidados de piedra a nada. Escribá, buen comunicador, también venía alentado
porque las vísperas de ese choque copero estaban precedidas de una buena racha
en liga de tal forma que el Elche CF llegaba a ese partido ocupando una cómoda
posición en mitad de tabla, tras un inicio vacilante. Esa pequeña euforia
servía como para poseer una moral suficientemente alta e ir al envite copero
con ganas de victoria.
Claro que el rival, también
recién ascendido como nosotros, estaba en otro escalón. En aquellos instantes,
Villarreal CF era equipo de puestos europeos, con un ambicioso Marcelino
García Toral en el banquillo y con el proyecto Roig ya metido de lleno en una
nueva acometida, ya validada por dos décadas de jugar en élite pura.

El submarino salió en plan
avasallador y se adelantó en el marcador con un gol del mexicano Gio Dos
Santos. Pero el Elche supo frenar tras el descanso esa avalancha y le dio la
vuelta al marcador con dos goles casi seguidos de Sergio Pelegrín y el ghanés
Richmond Boakye. El partido se convirtió entonces en el típico ‘partido de
mata-mata’, que dicen los brasileños, y, por momentos parecía más cerca el
tercer gol ilicitano que cualquier otra cosa. Pero la eterna mala suerte franjiverde
nunca descansa: en el último balón, ya cumplido el tiempo, un inesperado
trallazo desde fuera del área de otro mexicano, Javier Aquino, sirvió para
poner el empate en el marcador que, aún así, era un buen resultado para el Elche.
Fue una segunda parte muy brava por parte de los nuestros y ahí empezamos a
creernos que ya le habíamos sacudido el polvo de la 2ª división a nuestro
uniforme, aunque fuera en Copa.

No sirvió. El Villarreal
ganaría en el Martínez Valero once fechas después, pero el Elche permanecería ese año en
la División de Honor luchando hasta el final. Como queríamos demostrar… como
siempre.
MB
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