BUSCANDO LA BELLEZA

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La definición académica de la belleza dice que ésta solo puede ser de tres tipos: sensorial, intelectual o espiritual. Kant, por su parte, distinguía entre belleza libre o adherente. La primera se presentaba naturalmente; la segunda necesitaba de alguna investigación de tipo racional para encontrarla. Lo ocurrido esta noche en el Martínez Valero pertenece a esta última categoría, pues habría que escarbar mucho para poder ver un atisbo de belleza en el punto sumado. La ventaja final de todo esto es que los intereses de nuestro Elche CF se mantienen  en una senda más o menos aceptable.

 Un empate de este tipo va a generar un alud de frases hechas bajo el epígrafe ‘todo lo que sea sumar….’ No se dejen embaucar: es 1 punto de 6 posibles. Con sensaciones muy dudosas.



Debate estéril el que se produce en la actualidad separando intereses entre buen juego de un lado y obtención de puntos por otro. Desterremos ese tipo de ideas contrapuestas. Se ha de intentar jugar bien, pues hasta la fecha se ha demostrado que ese es el camino más simple para la obtención de resultados y puntos.  Porque lo perpetrado por el Elche de Jorge Almirón esta noche en el estadio ilicitano ha sido una persistencia en pecados que, como la semana pasada, nos ha dejado algo decepcionados, aunque esta vez con un punto de premio. Y las perspectivas, después de los dos últimos partidos, han devenido en preocupantes, porque desde luego hay algún aspecto positivo, no lo voy a negar, pero hay mucho, muchísimo que solucionar.


Con un centro de campo Marcone-Mfulu, había que encomendarse a Morente para llevar la pelota arriba. Tal cosa no sucedió. Como era fácilmente pronosticable. La conversión de la segunda parte con los cambios fue insuficiente, como era también muy fácil de pronosticar. Aún con todo, por momentos parecía que el tránsito en ataque era más preciso y rápido que otros días, lo cual nos insuflaba optimismo. Pero aquí es donde introduzco un par de conceptos estadísticos que vale la pena reflexionar: en primer lugar, he contado 17 balones a ninguna parte, o sea, sin dirección, sacándose la pelota de encima de cualquier forma. Muchos, demasiados en un equipo de élite. Desvela las carencias técnicas de algunos futbolistas; cosa que ya sabíamos, pero que no por eso hemos de estar conformes con ello. Otro dato: ocasiones francas de gol, Elche 4, Celta 10. No es de recibo, se argumente lo que se argumente, porque los partidos anteriores han sido iguales o peores. No podemos estar condenados  perennemente a que  Edgar Badía solucione un montón de unos contra uno en cada partido. Es un suicidio muy innecesario y que ya se ha convertido en una constante de conducta en este Elche.



No diré nada más de la inefectiva defensa de 5. Está todo dicho en la crónica del domingo pasado sobre el partido de Heliópolis. El más leve desequilibrio en tres cuartos abre pasillos mortales de los atacantes rivales entre nuestros defensas. Si el cuerpo técnico del Elche CF no es capaz de ver esta disfunción entonces de verdad que tenemos un grave problema. Seguramente el agujero  reside más en la presión sobre los volantes contrarios, que es bastante floja.

 Partido embarrado, nublado, con un árbitro que estuvo muy irregular y con muchos incidentes y lesiones. Bueno el partido intentaron pitarlo mejor Nolito y Aspas, que deberían haber visto sendas rojas por continuas y airadas protestas. Gracias a Estrada Fernández, árbitro VAR que vio una mano que nadie había visto. Luego nada se dijo sobre otros dos penalties para mí mucho más claros, a Verdú y Lucas Boyé.



Con todo, al Celta se le vio falto de personalidad y para mí era un partido bien ganable, por todo lo que está pasando en el entorno vigués. No se ha aprovechado. Este es el tipo de cosas más temibles: regalar concesiones.

Boyé y Milla se dejan el alma corriendo, pero están muy desconectados de la zona de creación. Y esa pretendida presión solo dio resultado en una sola ocasión, la que De Burgos Bengoechea transformó en falta de Boye cuando había robado la pelota y sufrido penalti. Tienen que hablar eso de la presión. De todo el montaje de la defensa en general, pero no se puede permitir que los equipos contrarios generen espacios sin sudar demasiado.


Pero hay algo peor a todo esto. La zona de ataque no existe. Con los delanteros más preocupados en defender que hacer goles. Eso debe cambiar drásticamente, porque ya hemos comprobado que no hay dividendos por nuestra presión. Los rivales se mueven con comodidad y nos crean peligro constante.

 

Hay que empezar a pensar en estructurar nuestra forma de atacar. Contra Alavés y Valencia hablé de un caos ordenado que estos equipos no supieron descifrar. Por eso ganamos. Esta noche quizá podríamos hablar de ese caos en los primeros 25 minutos. Pero cuando la lentitud de operaciones nos atrapa, estamos perdidos. Mucho peor si añadimos lo de las pérdidas groseras de balón.  Y así es necesario demasiada voluntad para encontrar esa belleza adherente de la que hablaba al principio. Demasiada.


RV

 

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